¿Es rentable para alguien el Mundial de Brasil?

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favelaTerminado el Mundial de Brasil, toca hacer balance. Pero, en lo deportivo, ya se han hecho todas las lecturas posibles. En cambio, es el momento de analizar si socioeconómicamente este campeonato del mundo de fútbol ha sido o no rentable para el país sudamericano. Tengamos en cuenta qué cifras ha movido este Mundial para poder valorar su impacto y si éste ha sido equitativo.

Brasil siempre se ha reconocido por su pasión por el fútbol, pero la euforia inicial por convertirse en la vigésima sede de un Mundial se vio empañada por el desproporcionado gasto –invirtió un total de 11 billones de dólares en la organización del torneo- y hasta por acusaciones de corrupción y oscurantismo en la adjudicación de los contratos para la construcción de infraestructuras. Vistas las protestas en las calles desde meses antes del inicio del campeonato (ya se pudieron comprobar incluso durante la Copa Confederaciones de 2013), ¿qué beneficios ha reportado este acontecimiento para la población brasileña?

Aunque se programaron partidos en diferentes zonas de todo el país (había 12 sedes), parece claro que este mes de competición no ha sido igual de positivo para todos. El reparto de los beneficios no ha sido equitativo, ni siquiera dentro del país. Y muchas han sido las quejas por la ruina a la que se ha abocado a algunas de las ciudades que acogían los partidos, especialmente a las de comunidades de bajos ingresos.

A largo plazo, Brasil espera que el hecho de haber sido el centro de todas las miradas y el prestigio de un torneo de estas características impulsen el comercio y el turismo. Además, todas las infraestructuras construidas pretenden desembocar en un nuevo desarrollo urbano y de su sistema de transportes (carreteras, transporte público, aeropuertos…).

Pero en los beneficios económicos que Brasil pueda obtener de este Mundial también influye la imagen que ha proyectado al exterior. Y no ha sido todo lo buena que se pudiera desear. La delincuencia, las desigualdades con las favelas, los constantes retrasos en la construcción de las infraestructuras, las chapuzas detectadas en algunas obras terminadas, la supuesta trama de fraude en la venta de localidades, la evidente pobreza… Han sido temas a tener muy en cuenta y que, seguro, deberán vigilarse de cara a los Juegos Olímpicos de 2016. Y, por supuesto, en el día a día del país y no sólo para el escaparate.

Por todas estas razones, es muy difícil hacer una estimación de los beneficios que puede haber generado el Mundial en Brasil. El coste público no es transparente: el gobierno brasileño no facilita las cifras detalladas de lo que supone garantizar la seguridad, construir las infraestructuras, mantener las instalaciones a las que no se les ha dado uso o cuáles han sido los ingresos fiscales no percibidos (todo el gasto de la Copa del Mundo está libre de impuestos).

pintadaPor eso, al menos es conveniente saber qué y quiénes son los que pagan y se benefician en cada caso. ¿Qué dinero mueve el Mundial y quiénes se benefician de él?

La FIFA, por ejemplo, como organizadora del torneo, esperaba facturar unos 4,5 billones de dólares en concepto de derechos de transmisión y marketing por la Copa del Mundo 2014.

Los jugadores que han participado en el Mundial, por su parte, ganaron casi 8 billones de dólares el año pasado. El equipo nacional con mayores ingresos durante este año fue España con 800 millones de dólares. Los jugadores de Estados Unidos, por su parte, han ganado unos 76.000 dólares más las primas correspondientes por jugar el Mundial.

Para el Mundial de Brasil 2014 se vendieron 3 millones de entradas. A esos espectadores en directo hay que sumar los beneficios de su estancia en el país: hoteles, viajes, logística para desplazarse, etc. La mayoría de los aficionados procedían de distintos puntos del mismo Brasil, seguidos de la afición estadounidense; aunque obviamente había aficionados de todo el planeta. Al beneficio también hay que sumarle la audiencia que siguió por televisión los partidos: miles de millones de personas.

¿Y después del Mundial? La caída de la actividad económica tras la conclusión del Mundial es inevitable, pero Brasil no sólo debe valorar el beneficio inmediato de la organización del campeonato de fútbol. El país debe tener en cuenta qué trasciende a este mes de competición. El trabajo generado que se prolongue en el tiempo, el uso posterior de infraestructuras y transportes, los nuevos usos de las distintas sedes, etc.

Sin embargo, no todos los estadios podrán usarse después con el mismo fin que estos días. Algunos deberán ser reconvertidos para su mayor aprovechamiento. Por ejemplo, el estadio de Manaos pasará a ser una cárcel y el complejo donde se concentró la selección alemana será una escuela para niños con pocos recursos. Otros estadios, en cambio, quedarán inutilizados tras el desembolso de su construcción y su mantenimiento es demasiado costoso para unas ciudades con limitadas fuentes de ingresos. Hay que plantearse esto mismo con todas las construcciones: aeropuertos, carreteras, etc. ¿Seguirán sirviendo en un futuro?

Desde el punto de vista social, habría que evaluar también si el Mundial ha servido para que los trabajadores estén ahora mejor cualificados para el desempeño de nuevos empleos y si eso les abre nuevas oportunidades laborales dentro y fuera del país; e incluso si esa especialización les servirá en el futuro para la organización de otras celebraciones de esta magnitud.

Se mira con interés si esta competición despierta el interés de los más jóvenes por este deporte. En ese sentido, países como Estados Unidos depositaron su esperanza en que el fútbol atraiga a más personas al fútbol. Prueba de ello es la cantidad de aficionados que se han desplazado a Brasil entusiasmados con su selección, alentados incluso por el mismísimo presidente Barack Obama, que mostraba abiertamente cómo vivía cada partido de los suyos por televisión.

El interés que despierta un campeonato de este tipo también ha tenido su repercusión en la red. Twitter ha sido una plataforma de reunión de un buen número de aficionados al fútbol, que comentaron cada lance de los partidos. El Mundial ha generado un tráfico de 36 millones de tuits que, por supuesto, las empresas de todo el mundo han aprovechado para su beneficio.

Son muchas las razones que impiden calcular el impacto socioeconómico exacto de este Mundial, ya no sólo en Brasil, sino en todo el mundo. La planificación de un torneo así debe tener en cuenta cada vez más factores. No se puede obviar la repercusión a largo plazo de un campeonato de fútbol, pues cada beneficio inmediato o a posteriori servirá para justificar o no el dinero invertido. El verdadero saldo de este Mundial se podrá calcular cuando pase el tiempo. De momento, no parece que quienes necesitaban un impulso económico en Brasil hayan obtenido rentabilidad alguna.

*Fuente: Datos extraídos del curso Mega Events: Inside the FIFA World Cup, organizado por Canvas Network