20 años no es nada

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Raúl debutSe cumplen 20 años del debut de Raúl González en partido oficial con el Real Madrid. Lo que todos sabemos y hemos revisionado infinidad de veces es que ese partido fue en La Romareda, el mismo lugar en el que vistió por última vez la elástica con el escudo del club blanco en partido oficial en 2010, cerrando un círculo perfecto en su carrera deportiva en España. Recordamos las múltiples ocasiones que tuvo para hacer gol sin fortuna, que aquel encuentro lo ganó el Zaragoza por 3-2 y que no fue hasta la siguiente jornada, ante el Atleti y en el Bernabéu, cuando Raúl se estrenara profanando porterías ajenas sin ruborizarse.

Pero pocos recuerdan que aquel descarado chaval de 17 años ya había jugado con el primer equipo casi dos meses atrás. Fue el 6 de septiembre de 1994 [curioso: su último partido con la selección española fue ante Irlanda del Norte en Belfast en esa misma fecha del año 2006] en un partido amistoso en el Carlos Tartiere, en el que fue el debut del ex madridista Robert Prosinecki con el Oviedo. Y en ese encuentro sí marcó Raúl. Comenzaron adelantándose los asturianos con goles de Carlos y el propio jugador croata en menos de veinte minutos. Zamorano recortó distancias a la media hora de juego. Tras el descanso, Jorge Valdano hizo debutar al niño y éste respondió poniendo el 2-2 definitivo en el minuto 76. Apenas treinta minutos le bastaron para dejar la primera huella de su legado.

741 partidos y 323 goles oficiales después, como jugador con más partidos y goles de la historia del Real Madrid, Raúl buscó un final a su carrera lejos de la presión de la capitanía blanca. Pero no ha dejado de ser el eterno capitán de un club en el que lo fue todo durante los 16 años que vistió su camiseta.

No era el más rápido, ni el más habilidoso, ni el mejor, ni el más mediático. Pero sí fue el espejo en el que todos y cada uno de los compañeros que pasaron por el equipo querían mirarse. Era el paradigma del esfuerzo, del sacrificio, del trabajo duro, del compromiso, de la responsabilidad. De todos esos valores deportivos y vitales que se intentan inculcar a los hijos. No se rendía, nunca daba un balón por perdido, no perdía la tensión competitiva ni un solo minuto.

Y por eso se ganó el cariño, el respeto y la simpatía de todos, madridistas o no. Nadie puede discutir lo que Raúl supuso para el Real Madrid y nadie debería haber dudado nunca de que fuera el estandarte de una selección nacional que nunca llegó a nada pero que siempre cargó a sus espaldas la responsabilidad de tirar del carro cuando nadie más lo hacía, cuando era complicado ser aficionado español.

Pero eso importa ahora poco. O nada. Lo cierto es que de Raúl siempre se recordará lo muchísimo que hizo disfrutar a una generación que vivió el fútbol precedente a los galácticos y que sobrevivió a ellos con valores de verdad y no de pega, alejado de los focos del glamour y enfrascado en el barro del trabajo constante. Y, a base de un carácter ganador y de superación, se hizo eterno. Porque veinte años no son nada si se te recuerda para siempre.